Katie Dey, la nueva sensación del bedroom pop

Texto por Fernando Victoria / agosto 8, 2016

Hace diez años era interesante platicar con nuestros amigos sobre los nuevos artistas que se valían de los programas digitales para hacer música no necesariamente similar al concepto que tenemos con respecto a la “música electrónica” y fantasear acerca de qué pasaría cuando éstos ya no requirieran de saber tocar un instrumento -o siquiera tener los integrantes necesarios- para hacer, no sé, una banda de rock. Pero no lo neguemos, hoy en día sigue siendo igual de interesante o incluso más. Uno de los factores para que esto siga siendo novedad es que nunca nos imaginamos cuánto avanzaría la tecnología, ni que ésta sería tan accesible al público en general. Es decir, ¿quién te dice que mañana no vas a encontrar en internet una sinfonía completa (que requeriría decenas de músicos para su elaboración o que uno supiera tocar todos los instrumentos) hecha por un joven de 12 años desde la comodidad de su iPad? Para ti o para mí podría sonar asombroso, pero otro factor de que sea tema de conversación es el que siga habiendo gente a quien no le agrade esto. No vayamos muy lejos, hay gente que todavía tiene problemas aceptando que músicos utilicen su computadora como instrumento, aun cuando sea para producir techno, house, dance o juke. Y si éstos tienen problemas, ¿a qué se enfrentan los músicos que utilizan herramientas digitales para hacer temas no catalogados como electrónica?

En años recientes, cuando me sentí más interesado por estos recursos como para investigar al respecto, he notado que hay dos tendencias que se siguen repitiendo. La primera sería que este artista digital se mantenga produciendo en solitario para su cuenta de Soundcloud, sin muchas presentaciones en vivo, o bien, que a mediano plazo consiga más gente que pueda llevar a una interpretación en vivo la instrumentación que él montó en sus canciones. Es muy raro que estos artistas triunfen de la manera convencional que todos conocemos.

Dicho esto, Katie Dey no sólo comparte los aspectos mencionados, sino que llega al punto de ensanchar las vertientes hasta un estado en donde es difícil definirle. El espectro lo-fi de sus canciones abarca caminos folk semi-acústicos, senderos de rock discordante, claroscuros donde se permite baladas y, por el final, se pierde entre el follaje con su incursión experimental en la electrónica ambiental -con matices orgánicos- de difusas vocales en un discurso abstracto que, de compararse, me hace recordar parte del trabajo visto con Turning Torso (digo, para tener una referencia más nacional). Es decir, se le pasará a catalogar como pop digital -porque obvio lo tenemos que catalogar, ¿acaso no nos gusta complicarnos?-. No obstante, el hecho de que haya generado interés a través de internet, al menos en los minúsculos foros norteamericanos para los amantes de la disonancia, también va de la mano con la ideología que maneja con respecto a la música. Ella clama que no se trata tanto del significado dentro del tema en sí, sino de hacer de éste algo especial para quien lo escucha: “La música es capaz de hacer mucho más de lo que le permitimos”.

Para no dejar tan a la deriva esto de hacer algo “especial”, Katie Dey lo refleja de mejor manera cuando explica que ella no sabe de música (en su concepto más académico), sin embargo, el crear estos pasajes turbios de ruido -extrañamente- arrullador es algo que la llena por dentro y la ayuda a expresar emociones o partes de su vida que nunca podría plasmar en palabras. Vemos que sus letras son ininteligibles, lo cual es muy a propósito para que cada uno haga la interpretación que más le transmita la canción, ya sea por las diferentes perspectivas de cada uno o el lapso emocional en el que nos encontremos al momento de escucharla. Puesto en palabras, no parece algo innovador, y no creo que busque serlo, pero cuando te das tiempo para escuchar este álbum debut sabes que te encuentras con algo que escasea en nuestros días, algo a lo que posiblemente aspiremos de continuar esta línea de tecnología dentro de la música y las nuevas ideas que cada persona rara de internet comparte con sus conocidos; es algo que se plasma sincero y se continúa con virtuosismo -dentro de su estructura maltrecha- que, de forma extraña, ha cautivado a la gente de tal manera que es ésta quien comparte el álbum (pues la prensa se queda corta para todo el hype que este artista ha conseguido con el apoyo de usuarios en Bandcamp).

asdfasdf se sumó al excelente catálogo de la familia Orchid Tapes (cual comprende material de artistas como Foxes in Fiction, Alex G., R.L. Kelly, Home Alone, Ricky Eat Acid, Arrange, Elvis Depressedly y -mi favorito- Coma Cinema), en donde se vendió en formato cassette su álbum hasta agotarse el mismo día.

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